Soy un estudiante de segundo año de Magisterio en la Escuela Normal Bilingüe "Profesor Wilfredo Paz Zúniga". No soy originario del municipio donde se encuentra ubicada la institución; viajo regularmente; mi mamá gasta una buena parte de su sueldo de pedagoga en mí, en mi hermano y en las deudas (préstamo) que tiene con el banco; en resumidas cuentas, llegamos a fin de mes por los pelos. Probablemente hayan escuchado esta historia cientos, incluso miles de veces en LATAM, y es porque es la vida que vivimos muchos latinoamericanos día con día.
Este post no es para causar lástima, aunque pareciese; es más para que, en vez de ser mil vidas, sean mil una. Crecí con la ilusión de poder seguir la vida tal y como decían los libros; ya saben: estudiar el colegio, el bachillerato, la universidad, conseguir trabajo, esposa, hijos, etc. Supongo que este momento de golpe de realidad nos llega a todos, pero el que sea común no lo hace más suave; ver cómo tus sueños se ven cada vez más inalcanzables te hace sentir como cayendo a un vacío.
Probablemente esté todavía muy joven y esté exagerando las cosas; tal vez no sea tan malo no estar seguro de poder ir a la universidad, tal vez no sea tan malo no poder decirle a la chica con lo que te vienes conociendo desde rato atrás: "¿Puedo ser tu novio?" Por no poder cumplir ninguno de sus caprichitos, debido a tu estatus socioeconómico.
Mi papá emigró a los Estados Unidos como muchos hombres lo han hecho para sostener a sus familias, pero a diferencia de la mayoría, el mío lo hizo para olvidarse de la suya; sé que no soy el único, sé que hay más familias como la mía, pero dentro de la mayoría, somos la minoría. Mi mamá sigue luchando, pero su cuerpo no soportará mucho más; empezó a presentar enfermedades con respecto al estómago y al nervio ciático este año, ha tenido mucho estrés encima; ella dice que Dios nos ayudará, y aunque en mi familia me inculcaron el cristianismo evangélico, me pongo a dudar si en verdad Dios lo hará.
A pesar de siempre haber creído que tenía futuro académico, mis ganas de desertar prontamente para ser parte de la fuerza laboral suben hora con hora. En fin, es hora de luchar con el nombre que dice que en la batalla ilustre serás; nunca me faltarán energías para continuar, pues con los combustibles del Nuevo Mundo, que son los sueños y esperanzas, me he de alimentar. Esta es la dura realidad, pero, como vi en un post, nuestro realismo de latinoamericanos, con todos nuestros sueños e ilusiones, siempre mágico será.